“Volví a nacer, recibí una segunda oportunidad en la vida y me hace mucha ilusión volver a ser un ser humano de nuevo, más que nunca.”

Me llamo Mauro Souza de Oliveira. Soy brasileño y tengo 41 años. Solicité asilo político en los Estados Unidos (a base de mi orientación sexual) en octubre de 2005.

Fui a la frontera entre México y los Estados Unidos (entre Tijuana y San Ysidro) y pedí en persona ser admitido bajo asilo. El DHS (Department of Homeland Security = Departamento de Seguridad de la Patria) en seguida me detuvo 6 meses. Era sólo el comienzo de una época de altibajos locos. Mientras estaba detenido y sin mucha investigación, contraté a mi primera abogada, lo cual resultó un desastre completo. Después de mi primera audiencia ante un Juez de Inmigración (en el Centro de Detención) para presentar mi solicitud de asilo, tuve que despedirla por llevar mal mi solicitud y mi caso. Con la ayuda de un amigo en San Francisco, contratamos un bufete grande y conocido de esa ciudad, para representarme. Lamentablemente, no hay que dar por sentado que un bufete con esas cualidades es bueno ni que maneja bien sus casos. En pocas palabras, fui puesto en libertad bajo fianza después de estar detenido 6 meses. La fianza fue rebajada de $30 000 a $5000. El nuevo bufete hizo que mi caso fuera trasladado a San Francisco, adonde fui a vivir. Después de un par de meses comparecimos ante el nuevo juez para recibir una nueva fecha para la audiencia final para mi caso. Se programó para 7 meses más tarde. Aunque parezca mentira, el bufete grande llevó mi caso con los pies.

El abogado asignado a mi caso dejó el bufete y sólo fui informado del hecho apenas un mes antes de mi audiencia final. Con dificultad preparamos el caso antes de la audiencia final y, 4 días antes de la misma, lo peor pasó: el bufete perdió documentos originales de mi caso y, cuando me encaré con el dueño sobre el asunto, me maltrató y me insultó —esto, después de pagarle un dineral al bufete. Me dejaron al margen en San Francisco, sin abogado, 4 días antes de mi audiencia final. Desesperado, entré a un edificio y contraté al primer abogado de inmigración que encontré, que por casualidad era brasileño. Pensaba que estaba en buenas manos pero me había equivocado de nuevo. Cuatro días más tarde el juez me concedió otra fecha para mi audiencia final para dentro de 6 meses. Pero entendí que tenía que investigar mejor para encontrar un abogado en quien podría confiar de verdad. Desde el momento en que fui detenido por el DHS, me prometí que nunca me conformaría con menos ni comprometería mi única oportunidad de quedarme legalmente en EE. UU. Ya que disponía de un poco de tiempo, comencé a investigar dónde acudir para ser mejor representado. Hice 2 citas con 2 abogados distintos antes de conocer a Hedi Framm Anton. Dos brasileños que viven en San Francisco, cuyos casos de asilo los ganó su bufete, me la recomendaron.

En el día y a la hora programados por su secretaria, fui a su bufete, que no queda en el centro de San Francisco donde están la mayoría de los abogados. Es solamente uno de los detalles que distinguen a Hedi de los demás. El personal es profesional y simpático. Hedi se encontró conmigo puntualmente y también fue muy amable conmigo, mostrándose paciente y comprensiva. Su franqueza y sinceridad me hicieron sentir cómodo y a gusto. Es muy fácil hablar con Hedi y dice las cosas sin tapujos, sin ofrecer esperanzas falsas. No dudé y decidí contratarla allí mismo en cuanto aceptó tomar mi caso. Es tal mi suerte que mi nuevo juez decidió jubilarse un mes antes de mi tercera audiencia final programada. Otra vez se aplazó mi audiencia final algunos meses, hasta que pudieran contratar a un nuevo juez. Hedi logró adelantar la fecha de mi audiencia, resolvió mi caso exitosa y profesionalmente: por fin tuve buena representación. ¿Qué significa esto para mí? Volví a nacer, recibí una segunda oportunidad en la vida y me hace mucha ilusión volver a ser un ser humano de nuevo, más que nunca.

Después de 2 jurisdicciones, 3 jueces y 4 abogados, acertaron mis instintos.

Hedi es una señora chiquita y linda, pero no hay que dejarse engañar por esto. Es una guerrera que no deja una sola piedra sin mover.

LA RECOMIENDO SIN RESERVA.

Mauro